A pocos meses de haber asumido la intendencia de General Pueyrredón, el sucesor de Guillermo Montenegro enfrenta un escenario de rechazo popular que crece día a día. Calles destruidas, cuentas en rojo y un reclamo vecinal sin respuestas marcan el pulso de una ciudad que parece haber quedado a la deriva.
Cuando Montenegro dejó el Palacio Municipal para ocupar su banca en el Senado bonaerense a fines de 2025, el oficialismo confiaba en una transición ordenada. Sin embargo, la realidad golpeó con fuerza: Agustín Neme, quien tomó las riendas de la intendencia interina, ha mostrado serias dificultades para administrar una ciudad con las complejidades de Mar del Plata.

Hoy, diversas encuestas lo ubican entre los intendentes con peor imagen de la Provincia de Buenos Aires, reflejo directo de la insatisfacción ciudadana. El aspecto más crítico de su gestión es, sin dudas, la inseguridad. Lejos de encontrar soluciones, la ciudadanía ha tenido que organizarse por su cuenta. La reciente movilización de vecinos de más de cuarenta barrios hacia las puertas del Concejo Deliberante es una postal del hartazgo.
Los marplatenses exigen medidas concretas frente a una ola delictiva que no da tregua, mientras el Ejecutivo local ensaya respuestas que suenan más a promesas recicladas que a políticas preventivas reales.
En el plano económico y de infraestructura, el panorama no es más alentador. La ciudad arrastra un abultado déficit presupuestario que se traduce en un freno casi total a la obra pública. El abandono de las calles, la falta de mantenimiento constante y las deficiencias en los servicios básicos son quejas diarias de los contribuyentes, quienes ven cómo sus tasas se diluyen en una gestión paralizada.
Mar del Plata, que debería sostener su esplendor tanto para sus habitantes como para el turismo, hoy muestra un descuido alarmante en sus distintos rincones. A esto se le suma un contexto de tensión social ligado a la desocupación. Frente a este escenario complejo, la figura de Neme luce debilitada y desconectada de las urgencias de los barrios.
Su intento de oxigenar la gestión con anuncios esporádicos de bacheo o pidiendo ayuda de las fuerzas federales resulta insuficiente para revertir la percepción de un gobierno municipal estancado. El reloj político avanza y la paciencia del electorado marplatense, conocido por ser uno de los más rigurosos de la provincia, parece haberse agotado rápidamente.
Si la administración interina no logra dar un golpe de timón y empezar a resolver los problemas urgentes de General Pueyrredón, el mandato de Agustín Neme corre el riesgo de ser recordado como una etapa caracterizada por la inacción y el retroceso de la ciudad.
Mar del Plata merece mucho más
Mar del Plata no es una ciudad cualquiera: es uno de los destinos más bellos y emblemáticos de la Argentina, con una riqueza cultural, turística y social que debería brillar en todo su esplendor. No hay razón para que atraviese este estado de abandono. La ciudad merece ser resplandeciente, cuidada y proyectada hacia el futuro, porque su gente y su historia la convierten en una de las joyas más valiosas del país.




