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Argentina para los argentinos

El gobierno libertario insiste en flexibilizar la Ley de Tierras para atraer inversiones, pero entregar millones de hectáreas a extranjeros es literalmente vender el país. Benetton y Lewis son prueba viva: urge aplicar la Ley y recuperar soberanía.

Redacción
Por Redacción
7/8/20264 min de lecturaArgentina
Argentina para los argentinos

El gobierno de Javier Milei y sus aliados libertarios insisten en flexibilizar la Ley de Tierras con el argumento de atraer inversión extranjera. Bajo la lógica de “máxima apertura”, creen que permitir que corporaciones globales compren grandes extensiones es una señal de confianza hacia los mercados. Hablan de dólares frescos, competitividad y modernización.

Sin embargo, detrás de esa narrativa se esconde una entrega de recursos estratégicos y la pérdida de control sobre nuestro propio territorio. La tierra no es un activo cualquiera: es el soporte de nuestra soberanía, el espacio donde se define el futuro productivo, ambiental y social de la Argentina.

Vender la patria, literalmente

Cuando un 25% del suelo argentino puede quedar en manos extranjeras, no estamos hablando de inversión: estamos hablando de venta de soberanía. Los ciudadanos pierden acceso a ríos, lagos y montañas; el Estado pierde capacidad de decidir sobre el uso de la tierra y los recursos naturales.

La consigna “La Patria no se vende” no es un slogan vacío: es la descripción exacta de lo que ocurre cuando se entrega el territorio a intereses externos. No se trata solo de hectáreas: se trata de agua dulce, de biodiversidad, de minerales estratégicos y de la posibilidad de decidir cómo se explotan.

Benetton y Lewis: el ejemplo más claro

  • Luciano Benetton: posee unas 900.000 hectáreas en la Patagonia, adquiridas en 1991 bajo el gobierno de Menem, cuando no existían límites para extranjeros. Sus tierras abarcan Chubut, Santa Cruz, Río Negro y Buenos Aires. Allí se desarrolla producción lanera, ganadería y agricultura. El conflicto con comunidades mapuches por tierras ancestrales es permanente.
  • Joe Lewis: controla unas 12.000 hectáreas en Lago Escondido, Río Negro, compradas en 1996 mediante sociedades que eludieron las restricciones de frontera. Desde entonces, bloquea el acceso público al lago pese a fallos judiciales desde 2005 que garantizan ese derecho. En 2026, el gobierno de Milei homologó un acuerdo secreto con Lewis que archivó la demanda estatal para recuperar esas tierras.

Estos casos muestran cómo la falta de regulación en los ’90 permitió que enormes extensiones quedaran bajo dominio extranjero. Son ejemplos palpables de lo que significa “vender la patria”: territorios enteros inaccesibles para los argentinos.

Historia y leyes

  • Década del ’90: Menem promovió privatizaciones y apertura indiscriminada. Fue el contexto en que Benetton y Lewis adquirieron sus tierras.
  • Ley 26.737 (2011): impulsada por Cristina Fernández de Kirchner, limitó la extranjerización al 15% del territorio y prohibió compras en zonas de frontera. Fue un intento de recuperar soberanía.
  • Intento libertario (2024–2026): Milei y Sturzenegger buscaron elevar el tope al 25% y eliminar restricciones. El proyecto fracasó por presión social y falta de votos, pero mostró la intención clara de vender el territorio argentino a capitales extranjeros.

¿Qué hacer con Benetton y Lewis?

La respuesta es clara: aplicar la Ley 26.737 de Tierras.

  • Limita la extranjerización al 15% del territorio.
  • Prohíbe la compra en zonas de frontera.
  • Permite al Estado iniciar acciones de lesividad para anular ventas pasadas que afecten la soberanía.

Además, es necesario reforzar los controles, transparentar el registro de tierras y garantizar el acceso ciudadano a recursos naturales.

Los libertarios promueven la venta del país disfrazada de inversión. Pero la realidad es que entregar millones de hectáreas a corporaciones extranjeras es vender la patria. Los casos de Benetton y Lewis son prueba viva de lo que ocurre cuando el Estado renuncia a defender su territorio.

La consigna debe ser clara y firme: aplicar la Ley, recuperar soberanía y garantizar que la tierra argentina siga siendo de los argentinos. Porque sin tierra, sin agua y sin control sobre nuestros recursos, no hay futuro posible.

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