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El Peronismo huele sangre y toma acción

El peronismo huele sangre ante las debilidades de Milei y ensaya unidad en Retiro: defensa de las PASO, coalición amplia y calendario unificado. Mientras tanto, el oficialismo busca sostener la macroestabilidad sin resolver la crisis cotidiana.

Juan Marcos Paris
Por Juan Marcos Paris
14/8/20264 min de lectura
El Peronismo huele sangre y toma acción

La política argentina rara vez ofrece treguas prolongadas. La cumbre de Retiro entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner fue mucho más que una foto: fue la señal de que el peronismo percibe debilidades en el gobierno de Javier Milei y está dispuesto a capitalizarlas. Tras meses de tensiones internas, el PJ decidió ensayar un pacto de convivencia y delinear una hoja de ruta hacia 2027.

El mensaje es claro: unidad hacia afuera, competencia regulada hacia adentro. La defensa de las PASO, la coordinación legislativa y la decisión de evitar desdoblamientos provinciales forman parte de una estrategia que busca perforar los techos electorales y presentarse como alternativa sólida frente al oficialismo libertario.

El diagnóstico peronista

El peronismo entiende que Milei atraviesa un momento de fragilidad. Aunque logró cierta estabilidad macroeconómica —con baja del riesgo país y control relativo del dólar y la inflación—, la microeconomía sigue mostrando signos de desgaste: salarios deprimidos, consumo retraído y tensiones sociales. A esto se suman las dificultades políticas: un presidente con discurso confrontativo, aislado de sectores tradicionales del poder y con una relación ambivalente con los gobernadores.

En ese contexto, la reunión en Retiro fijó tres pilares:

  • Defensa de las PASO como mecanismo de legitimidad interna. La eliminación de las primarias sería vista como un golpe a la oposición y un atajo para Milei.
  • Coalición amplia, incluso con gobernadores que han coqueteado con el oficialismo, como Jaldo, Jalil, Sáenz o Passalacqua. La idea es que nadie quede afuera y que la competencia se resuelva en las urnas.
  • Calendario electoral unificado, evitando desdoblamientos provinciales para que las elecciones locales traccionen votos hacia la nacional. El antecedente de 2023, cuando Massa quedó a tres puntos de Milei, es leído como una oportunidad perdida por falta de simultaneidad.

El oficialismo en respuesta

Imagen
Javier Milei

Mientras el peronismo se ordena, el oficialismo enfrenta un dilema complejo:

  • En lo económico, apuesta a sostener la estabilidad financiera con apoyo internacional, pero sin resolver la crisis del bolsillo cotidiano. La narrativa de “orden macro” choca con la realidad de la inflación persistente y la caída del consumo.
  • En lo político, busca disciplinar a los gobernadores y avanzar con reformas estructurales, aunque cada vez con menos aliados firmes. La suspensión de las PASO es la batalla inmediata, pero enfrenta resistencias incluso dentro de su propio espacio.
  • En lo comunicacional, Milei mantiene un discurso confrontativo que refuerza su base dura, pero lo distancia de actores estratégicos como sindicatos, medios y partidos tradicionales. La pregunta es si esa narrativa puede sostenerse sin resultados tangibles.

El tablero hacia 2027

La cumbre de Retiro no resolvió candidaturas ni liderazgos, pero sí marcó un primer paso hacia la unidad peronista. La consigna de “sana competencia” busca evitar que las internas se conviertan en fracturas. Nombres como Kicillof, Massa, Wado de Pedro, Quintela o Uñac aparecen como posibles contendientes, pero la prioridad es mostrar cohesión frente al oficialismo.

Del lado de Milei, la estrategia parece centrarse en resistir y disciplinar. El oficialismo necesita demostrar gestión concreta más allá de la estabilidad macro: políticas sociales, resultados visibles en el bolsillo y capacidad de articulación política. Sin eso, el riesgo es que el discurso libertario quede reducido a un núcleo duro, mientras la oposición se reorganiza.

El peronismo huele sangre y se mueve rápido. La cumbre de Retiro fue un ensayo de unidad que busca capitalizar las debilidades del gobierno. El oficialismo, por su parte, enfrenta el desafío de mostrar resultados tangibles y sostener su narrativa en un contexto de desgaste.

En definitiva, el tablero político argentino se encamina hacia una confrontación abierta: un peronismo que se reorganiza para perforar techos electorales y un Milei que necesita demostrar que puede gobernar más allá de la retórica. El 2027 ya empezó a jugarse, y cada movimiento cuenta.

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